“Cuando era joven Buda descubrió que dominar la alimentación consciente era esencial para su crecimiento espiritual. Como había nacido en el seno de una familia real, había podido disfrutar de los manjares más deliciosos de la India y eso lo había llevado a engordar. Además se percató de que aquellas exquisiteces que degustaba cada día no lo protegían de la tristeza ni le brindaban la felicidad. Así pues, tras abandonar la vida en la corte e ir en busca de la iluminación probó el ayuno, pero eso lo debilitó y le hizo perder la concentración.

Buda aprendió que tanto tomar demasiados alimentos como demasiado pocos no era beneficioso para su salud ni su bienestar. Y que tan sólo la comprensión de las necesidades de su organismo y el equilibrio nos permiten llevar una vida sana y feliz.”

Así surgió el Mindful Eating cuya base no es otra que tener una plena consciencia a la hora de comer. La meditación o el Mindfulness no son más que una forma de vida que pretende potenciar la capacidad de estar consciente en un momento presente. Esta visión puede extrapolarse a todos los aspectos de la vida y la alimentación no podía ser menos,

La mayoría de las personas comen muy rápido, sin saborear el alimento que ingieren por falta de tiempo o por estar abstraídos en otra tarea como ver la televisión o estar frente al ordenador, incluso teniendo una conversación acelerada. Esto ocasiona que directamente traguemos la comida sin ser verdaderamente conscientes de lo que nos llevamos a la boca.

Nos han enseñado a comer todo lo que hay en el plato, pero aquí la premisa es preguntarnos: “¿tengo más hambre?” y dejándonos de sentir culpables por dejar algo en él. De hecho poco a poco aprendemos a echarnos en el plato una cantidad proporcionada a nuestro nivel de hambre y no a nuestras ganas de comer. Es tan perjudicial para la salud ingerir demasiado alimento como demasiado poco.

Alimentarse conscientemente es comer en un estado de plena consciencia, prestando atención a las texturas, olores y sabores. También al impacto que los alimentos tienen en nuestro cuerpo.Debemos aprender a leer las señales que nuestro cuerpo nos envía: comer cuando tenemos hambre, y dejar de comer cuando ya estamos llenos. Porque muchos de los problemas con nuestro peso se reducen a que comemos aún cuando no tenemos hambre.

Cuanto uno es más consciente de lo que ingiere empieza a tener en cuenta la fuente de dónde provienen los alimentos, se prefieren alimentos orgánicos que no perjudican el ambiente y que no son una fuente de toxinas para el cuerpo. Es una elección y a cada cual le lleva su tiempo ir tomando conciencia. Lo más importante es empezar por saber cómo y para qué estamos ingiriendo el alimento. Pero hay que tener en cuenta que comer alimentos ecológicos de manera apresurada también es dañino para el organismo y su funcionamiento.

Se trata de adquirir unos hábitos que nos enseñen a relacionarnos con la comida de forma saludable y con nosotros mismos. No se trata de hacer ningún tipo de dieta, consiste en ser consciente tanto de las sensaciones físicas de hambre y saciedad, como de nuestras emociones antes de ingerirlo, para ser libre de elegir cuándo empezar y cuándo terminar de comer.

No comer si no tenemos hambre, saborear, incluso oler y mirar cada bocado involucrando todos los sentidos, comer más despacio masticando más lento y comer sin distracciones son las premisas para empezar a alimentarnos de manera más consciente.

No necesitamos una dieta, necesitamos un cambio de hábitos, una nueva forma de comer.

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