¿Por qué está tan de moda llevar una vida saludable, el yoga, el coaching o todo lo ecológico? Hay una mayor atención sobre cómo vivimos y lo que nos generan las nuevas tecnologías. Estrés, ansiedad, enfermedades degenerativas, frustración, etc. son algunas de las alarmas que saltan en nuestro día a día.

Actualmente nos encontramos sumergidos en una sociedad que debe producir a todas horas, que la competencia es cada vez mayor, en las redes sociales se bombardean vidas idílicas, se nos hace creer que todo es posible,  una sociedad que se revela con la idea de trabajar en algo que no disfruta, cada vez somos más los que emprendemos,  las relaciones son cada vez más complicadas por miedo al compromiso y deseos de libertad, las fronteras ya no existen y queremos conocer el mundo en el que vivimos, queremos viajar a todas horas.  En definitiva, no queremos perdernos nada y queremos estar aquí y en todas partes. Eso sin duda, genera una sociedad valiente, con ganas de romper las normas establecidas, pero también genera una sociedad estresada con ansias de más y más, viviendo más en el futuro sin saber muy bien si existen límites.

El estrés está considerado como una de las principales enfermedades de la era moderna. Nos estamos  acostumbrando a vivir estresados y  con frecuencia, no nos damos cuenta del nivel del mismo, ni de la causa que lo provoca.

La causa el estrés depende de tu percepción. Algo que es estresante para ti, puede no inquietar a otra persona, sino que puede ser incluso algo con lo que disfrutar. Casi cualquier cosa puede causar estrés. Es cómo uno lo gestiona lo que hace la diferencia de que algo pueda ser estresante o pueda ser un motor que nos active. Algunas personas sólo con pensar en algo ya pueden sentirse estresadas.

Luego existen ciertos rasgos de la personalidad como el exceso de perfeccionismo, la competitividad, las expectativas sumamente altas, personas con muy baja autoestima y temor al rechazo las que suelen estar más expuestas a sentirse estresadas. En esos casos es importante atender esas voces que actúan en nosotros la mayor parte del tiempo.

Muchas de nuestras emociones y de nuestra manera de pensar y actuar, están estrechamente relacionadas con el estrés. Por eso es importante atender la calidad de nuestros pensamientos o los mecanismos inconscientes que tenemos instalados por educación o costumbre. A veces es un simple punto de vista lo que nos está perjudicando.

Las causas más comunes del estrés son: el duelo, los problemas familiares, asuntos financieros, la enfermedad, el tiempo mal gestionado, el trabajo, etc.

Es muy importante que aprendamos cómo escuchar nuestro cuerpo ya que a veces el cuerpo habla antes de que nosotros nos demos cuenta. El cuerpo nos muestra ciertos bloqueos  o dolores corporales y desde ahí podemos encontrar la forma de evitar crisis de ansiedad, ataques de pánico, palpitaciones en el pecho, subida de la tensión arterial, etc.

El ejercicio físico está demostrado que baja los niveles de estrés, reduce la angustia e incluso alivia la depresión, mejorando la autoestima, nuestro estado de ánimo y nos ayuda a sentirnos con más vitalidad.

Sin duda, aunque lleve más tiempo, la clave para gestionar las emociones que nos estresan es aprender a conocerse para saber qué situaciones nos generan malestar y cómo reaccionamos ante ello. Saber cuándo nos estresamos es muy necesario para que podamos evitarlo o canalizarlo desde el principio, ya que nos solemos acostumbrar a esas sensaciones, disparándose automáticamente si las sufrimos frecuentemente.

Algunas de las acciones que podemos realizar cuando nos sentimos inquietos o preocupados son las siguientes. Antes debemos aceptar en nuestro interior que necesitamos parar unos segundos para atendernos y cuidarnos. No hay mejor tiempo invertido que el que uno ocupa en escucharse y respetarse, ya que facilitará que cualquier tarea o relación sea más efectiva.  Pruébalo  y verás que después de unas semanas tu calidad de vida habrá mejorado.

  1. Respirar lento y profundamente durante unos minutos atendiendo la inspiración y expiración.
  2. Visualizar algo o algún lugar que nos haga sentir bienestar.
  3. Alejarse del móvil o del ordenador durante un tiempo.
  4. Refrescarse con agua fresca con una ducha o simplemente darse agua en las muñecas y detrás de las orejas.
  5. Colocar música relajante o si puedes estar en silencio mejor.
  6. Realizar una relajación con estiramientos o moviendo nuestros músculos y articulaciones una a una y deteniéndonos en ellas unos minutos.
  7. Tomar conciencia de que lo que pensamos es una interpretación o una imagen basada en el recuerdo.
  8. Fijar la atención durante unos segundos en los pequeños detalles que nos rodean, detalle a detalle para vivenciar el aquí y el ahora.
  9. Y siempre, volver a respirar.

¿Realmente merece la pena vivir estresado por no permitirse un momento de tranquilidad?

 La decisión es tuya.

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